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Patagonia estratégica: energía, minerales críticos y contrainteligencia en la nueva competencia global La expansión de Vaca Muerta, el litio, el cobre y los corredores patagónicos y cordilleranos está transformando a la Argentina en un actor cada vez más relevante dentro de la competencia global por energía y minerales críticos. Pero esa oportunidad también abre un nuevo frente de vulnerabilidad: espionaje económico, ciberataques, presión sobre proveedores, conflictividad instrumentalizada, litigios estratégicos y disputa por acceso privilegiado. En este escenario, el país necesita pensar la inteligencia y la contrainteligencia no solo desde el Estado, sino también desde las empresas que operan infraestructura crítica. Max L. Van Hauvart Duart Argentina 5 de junio de 2026 “ El conocimiento mismo es poder. ” Francis Bacon, Meditationes Sacrae (1597) Cuando el subsuelo se convierte en poder Durante buena parte de su historia contemporánea, la Argentina pensó sus recursos naturales como una promesa económica postergada. Petróleo, gas, litio, cobre, uranio, agua, puertos, corredores bioceánicos y territorio austral aparecieron una y otra vez en el discurso público como activos de futuro, pero pocas veces como piezas articuladas de una estrategia nacional. Sin embargo, hoy esa lectura empieza a cambiar. La expansión de Vaca Muerta, el desarrollo de proyectos mineros en la cordillera , la búsqueda de inversiones bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y la creciente cooperación con Estados Unidos en materia de minerales críticos colocan a la Argentina en una posición distinta: ya no se trata solamente de explotar recursos, sino de insertarse en cadenas globales atravesadas por la competencia entre potencias. Esa transformación tiene una consecuencia central: los recursos dejan de ser únicamente bienes económicos y pasan a convertirse en activos estratégicos para el Estado. Un yacimiento de shale oil no vale solamente por los barriles que contiene; vale por los oleoductos que exige, los puertos que activa, los datos geológicos que produce, los proveedores que convoca, los contratos que genera y la capacidad exportadora que puede otorgar al Estado. Del mismo modo, un salar de litio o un proyecto de cobre no son apenas emprendimientos mineros: son nodos dentro de una disputa global por baterías, transición energética, defensa, vehículos eléctricos, redes eléctricas, almacenamiento y autonomía industrial. La Agencia Internacional de Energía advirtió en su informe sobre minerales críticos de 2025 que el cobre y el litio presentan brechas relevantes entre la oferta proyectada y la demanda esperada hacia 2035 , lo que refuerza su valor geopolítico. La Argentina se encuentra, por lo tanto, ante una oportunidad y una vulnerabilidad al mismo tiempo. La oportunidad consiste en transformar su geografía energética y minera en poder económico, exportaciones, divisas, empleo, infraestructura y capacidad de negociación internacional. La vulnerabilidad aparece porque todo activo estratégico atrae también interés externo, competencia por influencia, espionaje industrial, presión diplomática, campañas de influencia, ciberamenazas, dependencia tecnológica y posibles formas de sabotaje directo o indirecto. Es imposible no concebir ese creciente poder económico como un interés proveniente de fuera. En un mundo donde la energía, los minerales, los puertos y los datos se han vuelto instrumentos de poder, la seguridad nacional ya no puede limitarse al control de fronteras o al equipamiento militar (que fueron, son y serán imprescindibles) para cualquier Nación: debe incluir la protección de los sistemas que convierten recursos naturales en poder nacional. El punto no es afirmar que una potencia determinada esté ejecutando hoy un plan de sabotaje contra la Patagonia o la cordillera argentina. Esa afirmación requeriría pruebas específicas que no deben reemplazarse por sospechas o por teorías conspirativas de las cuales abundan en extremo. El punto es más profundo y más importante: si la Argentina ingresa en el centro de una competencia entre Estados Unidos, China y otros actores por el acceso a energía y minerales críticos, debe anticipar que sus activos estratégicos pueden convertirse en objetivos de inteligencia, presión, interferencia o coerción. La cuestión no es si la Argentina debe elegir entre Washington o Beijing, la pregunta real que hay que contestar es si puede construir capacidades propias para negociar con ambos sin perder control sobre sus datos, infraestructura, proveedores, puertos, contratos y decisiones soberanas. De Vaca Muerta al litio: la nueva geografía estratégica argentina Vaca Muerta es el eje más visible de esta transformación. La formación neuquina es una de las reservas no convencionales más relevantes del mundo y ya representa una parte sustancial de la producción argentina de gas natural. La Administración de Información Energética de Estados Unidos señaló que Vaca Muerta explicaba más del 70% de la producción argentina de gas natural hacia septiembre de 2024 , un dato que ilustra hasta qué punto el país empezó a depender de esa cuenca para redefinir su matriz energética y su potencial exportador. La novedad no está solo en la extracción, sino en la escala de infraestructura que empieza a rodearla. El proyecto Vaca Muerta Oil Sur contempla un oleoducto de casi 600 kilómetros para conectar la zona productiva de Neuquén con la costa atlántica de Río Negro, transformando a la Patagonia en un corredor energético de exportación . Ese dato es decisivo: cuando un yacimiento empieza a conectarse con puertos, terminales, almacenamiento, rutas, estaciones de bombeo, redes eléctricas, proveedores tecnológicos y sistemas digitales de control industrial, su vulnerabilidad deja de estar concentrada en el pozo y se distribuye a lo largo de toda una cadena. La dimensión económica también se acelera. Chevron solicitó ingresar al RIGI con un proyecto de inversión de 13.800 millones de dólares para desarrollar El Trapial en Vaca Muerta, mientras YPF registró bajo el mismo régimen un proyecto petrolero de 25.000 millones de dólares orientado a incrementar la producción y exportación de crudo. Estas cifras no son solamente anuncios financieros: son señales de una disputa mayor por la estabilización de reglas, el acceso a capital, la construcción de infraestructura y la proyección exportadora de la Argentina. En paralelo, la cordillera y el noroeste minero se vuelven espacios centrales para la economía de los minerales críticos. El litio, el cobre y otros recursos asociados a la transición energética se insertan en una discusión global donde las cadenas de suministro ya no se miden únicamente por precio, sino también por seguridad, trazabilidad, origen, resiliencia y alineamientos geopolíticos. El Servicio Geológico de Estados Unidos ubica a la Argentina entre los países con mayores recursos de litio del mundo, mientras que la Agencia Internacional de Energía advierte que la concentración y eventual insuficiencia de oferta en minerales como litio y cobre pueden convertirse en cuellos de botella para la transición energética global. Este proceso modifica la forma de mirar el mapa argentino. Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Mendoza, San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy no son solo provincias productivas: son territorios donde convergen inversión extranjera, regulación provincial, licencias sociales, infraestructura crítica, empresas globales, comunidades locales, tecnología extractiva, logística exportadora y competencia estratégica. La Patagonia y la cordillera dejan de ser periferias geográficas para convertirse en espacios de sensibilidad nacional. Estados Unidos, China y la disputa por acceso La política exterior del gobierno de Javier Milei ha reforzado un alineamiento político y económico claramente a favor de Estados Unidos. Ese acercamiento se expresó en acuerdos comerciales, cooperación en seguridad económica y una agenda específica vinculada a mi
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Resumen neutral
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