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Elecciones en Brasil: hay que esperar 21 días más Ignacio Montes de Oca hace 2 minutos 9 min de lectura Por Ignacio Montes de Oca La primera vuelta en Brasil prácticamente terminó

2026-10-05 · Ignacio Montes de Oca
Pucará Defensa

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Elecciones en Brasil: hay que esperar 21 días más

Elecciones en Brasil: hay que esperar 21 días más

Ignacio Montes de Oca

hace 2 minutos

9 min de lectura

Por Ignacio Montes de Oca

La primera vuelta en Brasil prácticamente terminó y con el 99,99% escrutado, Flavio Bolsonaro ganó con el 47,03% frente al 45,16% de Inacio “Lula” Da Silva. La diferencia no fue tan abultada como se creyó al principio del conteo y ese 1,87% le pone más incertidumbre a la segunda vuelta prevista para el próximo 25 de octubre.

Las encuestas que preveían un triunfo holgado de uno u otro volvieron a errar. El margen no permite dar por cerrado el final, pero la historia favorece al candidato opositor.

Ya se dijo, las estadísticas favorecen a Bolsonaro. En todas las elecciones presidenciales que requirieron balotaje (1989, 2002, 2006, 2010, 2014, 2018 y 2022), el que tuvo más votos en la primera vuelta se impuso en la segunda. Incluso Lula contra Bolsonaro padre, cuando lideró la primera vuelta frente a Jair Bolsonaro en 2022 por unos 5 puntos, 48,4% contra 43,2%.

El antecedente es fuerte, pero no alcanza para convertir una tendencia en una certeza. La muestra es relativamente pequeña y cada elección tuvo una combinación diferente de candidatos, alianzas y circunstancias económicas. El dato sirve para medir la ventaja con la que Bolsonaro llega al 25 de octubre, no para anticipar el resultado.

En un balotaje tan polarizado, una diferencia de 1,87 puntos puede ser importante, pero también puede desaparecer si el candidato que quedó atrás consigue movilizar mejor a sus votantes o convertir el rechazo al adversario en una razón suficiente para volver a las urnas.

Esto se debe a la alta polarización, la gran mayoría de los electores ya tiene decidido su voto de antemano. El porcentaje de votantes “indecisos” o de terceras fuerzas que queda disponible para capturar tras la primera vuelta suele ser muy pequeño.

Muchas veces, como se explica en la página Road Show, los votantes de partidos minoritarios ya migran a los candidatos punteros en la primera vuelta para evitar que gane el rival que más rechazan. Esto hace que el ganador de la primera ronda quede muy cerca del 50%, dejándole un camino matemático extremadamente corto para asegurar la victoria en la segunda vuelta.

Sin embargo, es Brasil, y el análisis no reemplaza al voto, en particular porque ambos candidatos llegan con una serie de fortalezas y debilidades que, en esta ocasión, podrían generar alguna variación.

Empecemos por Lula. Mantuvo sus bastiones en la región Nordeste y entre los sectores de menores ingresos, que fueron impermeables al discurso que proponía un giro a la derecha. Tiene además a su favor la estructura política y territorial construida alrededor del oficialismo, los programas de asistencia social y la capacidad de articular alianzas con los candidatos y partidos que quedaron fuera de carrera. Allí habrá que prestar atención a los portavoces de Lula y a su red de voluntarios, con capacidad para recorrer territorios y movilizar votantes puerta a puerta. En una segunda vuelta, esa maquinaria puede ser tan importante como el resultado obtenido en las urnas el domingo.

Entre sus debilidades, podemos enumerar el desgaste de gestión y economía. Aunque los índices de pobreza han bajado, el electorado muestra un fuerte descontento con el costo de vida y la inflación. Se le suman las acusaciones de corrupción. Su campaña fue golpeada por el reciente escándalo del Banco Master, sumado a antiguas investigaciones que involucran a su entorno familiar.

Y, además, encuestas como las de Datafolha le dan un rechazo del 45%, aunque ese dato se neutraliza por el hecho de que su oponente muestra un porcentaje similar.

Vamos a Bolsonaro. Su apoyo en electorado del Sur y Centro-Oeste del país, las clases de ingresos medios/altos y, sobre todo, el haber obtenido el influyente voto evangélico, le aseguran una base sólida para la segunda vuelta. Se le suma el representar un cambio que se alimenta del desgaste de Lula como administrador y la idea de un giro en el modelo económico que promete resolver cuestiones como la inflación y el crecimiento económico. Y pesa además su propuesta de implementar una política de “mano dura” similar a la de su padre entre sectores que ven las estadísticas de criminalidad como un tema tan importante como las estadísticas económicas.

En su contra le juega el antecedente de su padre, al que prometió indultar en caso de llegar a la presidencia. Recordemos que fue inhabilitado políticamente y condenado a más de 27 años de prisión por su vinculación con el intento de golpe de Estado de enero de 2023. Algunos analistas plantean la duda respecto a que Bolsonaro padre asuma como verdadero poder, amparado en la falta de experiencia de su hijo y el hecho que le debe su candidatura al vínculo familiar.

El expresidente carga con una imagen negativa del 54% y Flavio deberá despejar esas dudas si quiere evitar que su imagen de renovación espante a los que ven en su padre lo contrario, es decir un regreso al pasado que ya fue rechazado en las urnas.

Luego hay que ver cómo juegan los apoyos externos. Es muy temprano para saber si el apoyo de Trump y Milei le restó o le sumó votos a Bolsonaro. Tampoco hay mediciones confiables que corroboren si las denuncias de injerencia externa hechas por Lula le jugaron a favor. El actual presidente puso mucho énfasis en presentar a su oponente como un representante de la Casa Blanca. Pero Bolsonaro replicó confirmando ese apoyo de Trump como elemento positivo para el futuro económico de Brasil.

El componente nacionalista del votante brasileño es fuerte, pero eso no significa que la política exterior vaya a decidir la elección. Bolsonaro puede presentar el respaldo de Trump y Milei como parte de una integración con gobiernos que comparten su rechazo al socialismo, mientras Lula puede utilizar esos mismos apoyos para denunciar una eventual subordinación de Brasil a intereses externos.

El efecto dependerá, sobre todo, de quién logre instalar esa discusión en términos de bienestar cotidiano. Para un elector preocupado por el precio de los alimentos, la seguridad o el empleo, la disputa ideológica internacional probablemente tenga menos peso que la pregunta de quién puede mejorar su vida diaria.

De allí que ambos mensajes se neutralicen: para el votante de centroizquierda y los sectores nacionalistas moderados, la intervención extranjera escenificada por Trump y Milei genera una fuerte repulsión.

En la vereda opuesta, el votante bolsonarista no percibe esto como una pérdida de soberanía, sino como la integración de Brasil en una cruzada global contra el socialismo. Allí no es previsible que nuevas opiniones externas cambien el voto que ya recibieron, la duda es como podría reaccionar ante cada uno de ellos el votante que no optó por una de las dos opciones en la primera vuelta.

En igual medida que el apoyo de los presidentes norteamericano y argentino tiene una consecuencia, el apoyo recibido por Lula de fuerzas de izquierda genera un efecto similar, aunque hay que destacar que ningún mandatario de esa corriente mostró un apoyo tan activo por el presidente brasileño durante la campaña.

En cualquier caso, ambos candidatos deberán estar atentos a encuestas como una reciente de Data Folha en la que un 32% de los encuestados evalúa que una eventual injerencia externa podría ser negativa y el 18% opina que no representaría un problema real para el país. Ese dato también debería ser material de análisis para los equipos presidenciales de los presidentes interesados en que la segunda vuelta favorezca a su candidato.

No obstante, el tema externo no pesa tanto como otros en la agenda. La mayor parte de las encuestas reflejan que los intereses y preocupaciones de los brasileños se centran en la economía cotidiana y el costo de vida, en la crisis crónica de seguridad pública, en la fortaleza de las instituciones que ya vienen muy

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