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Más allá de los bots: qué pudieron haber alcanzado los drones sobre Yandex en la maquinaria de propaganda del Kremlin

2026-10-14 · Pucará Defensa
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Más allá de los bots: qué pudieron haber alcanzado los drones sobre Yandex en la maquinaria de propaganda del Kremlin

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hace 17 horas

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Los bots son lo más visible de la propaganda rusa en la red, aunque no necesariamente lo más relevante. Tras las cuentas que publican mensajes en serie hay todo un ecosistema que produce contenidos, los reparte, los reviste de credibilidad e intenta transformarlos en influencia política. Si los ataques ucranianos a los data centers de Yandex tocaron alguna de esas capacidades, el perjuicio podría exceder por mucho una baja pasajera del tráfico automatizado.

Del 7 al 11 de octubre de 2026, drones ucranianos impactaron en tres centros de datos de Yandex: Sasovo, Kaluga y Vladimir. La compañía admitió daños y cierres; Reuters comprobó que Vladimir quedó totalmente fuera de servicio y que Kaluga resultó afectado en parte. Después de los golpes se vieron bruscas caídas del tráfico automatizado asociado a la infraestructura de Yandex. Lo que se discute es si también se resintieron algunas de las capacidades que sostienen las operaciones de propaganda del Kremlin.

Las primeras cifras impactaron. Con datos de Cloudflare, el portal Tom’s Hardware, ubicó el tráfico de bots de la red de Yandex en apenas un 0,4% del pico de las dos semanas previas. El medio italiano, La Sicilia, reconstruyó una secuencia en la que el tráfico bajó primero a cerca del 57% y se hundió después de que se atacaran los otros centros. NetBlocks, por su lado, calculó que Yandex Cloud trabajaba al 30% de su capacidad normal.

Un bot es un programa que realiza tareas en internet sin que una persona intervenga en cada paso: puede indexar páginas, comparar precios o repartir mensajes. El inconveniente es que las estadísticas de tráfico automatizado juntan actividades legítimas con otras que pueden ser maliciosas. Cloudflare mide solicitudes, pero esos números no revelan por sí solos quién las generó, con qué fin ni si formaban parte de una campaña política.

El investigador de seguridad Jeremiah Fowler advirtió el 8 de octubre en X que el tráfico de bots rusos había bajado al 49%, y se preguntó si eso podía alterar las elecciones de medio término de Estados Unidos. La pregunta es pertinente; la conclusión, por ahora, sería apresurada.

Que baje el tráfico automatizado no significa necesariamente que haya menos publicaciones, visualizaciones, comentarios o contenidos compartidos en X, Bluesky, TikTok o Telegram. Tampoco prueba que las cuentas usadas para difundir propaganda electoral dependieran de los centros de datos atacados. Para saberlo hacen falta mediciones propias de esas redes y comparaciones de su actividad antes y después de los ataques.

Sería un error limitar el problema a contar cuentas que dejaron de funcionar. Los bots sirven para amplificar, pero no explican por sí solos la propaganda digital rusa. El aparato que los emplea abarca organizaciones que fabrican contenidos, sitios que se hacen pasar por medios, operadores humanos que manejan cuentas, canales que redistribuyen mensajes y redes de usuarios capaces de hacerlos llegar a públicos reales. Algunas piezas trabajan de manera coordinada y otras se montan sobre contenidos que ya circulan. No es necesario que todas respondan a una misma oficina para que acaben reforzando un relato favorable a Moscú; basta con que operen a favor de las campañas de propaganda del Kremlin.

Esas operaciones están documentadas. VIGINUM, la agencia francesa que vigila las injerencias digitales, y el Institute for Strategic Dialogue (ISD) identificaron campañas de métodos distintos pero compatibles. Matryoshka crea contenidos engañosos y los hace pasar por material de fuentes legítimas. Doppelganger copia el aspecto de medios y organismos públicos. Storm-1516 difunde videos y acusaciones falsas. La red Pravda reproduce en masa contenidos de medios estatales rusos y canales de Telegram para que circulen en otros idiomas y espacios digitales.

Las diferencias importan. Una campaña puede fracasar en una plataforma y seguir en otra. Un video falso puede ser producido por un grupo, repartido por cuentas coordinadas y llegar a millones de visualizaciones cuando lo comparten usuarios reales. Un sitio que imita el diseño de un diario puede generar una noticia falsa que luego aparece en cientos de páginas automatizadas. En ese recorrido, el bot no necesariamente inventa la mentira: puede ser apenas uno de los vehículos que la trasladan.

La experiencia de Estados Unidos muestra que tampoco todo depende de programas automáticos. El informe Mueller, el Senado y el Departamento de Justicia documentaron que la Internet Research Agency, organización rusa ligada a Yevgeny Prigozhin, usó cuentas falsas y operadores humanos para incidir en el debate político durante las elecciones de 2016. Sus campañas se mostraban como iniciativas de ciudadanos estadounidenses, explotaban conflictos sociales y apuntaban mensajes tanto a conservadores como a progresistas, con la idea de ahondar las divisiones y minar la confianza en las instituciones.

Las plataformas suelen borrar cuentas vinculadas a operaciones de este tipo. Eso confirma que las campañas existen, pero también deja a la vista un límite: bloquear perfiles no equivale a desarmar la estructura que puede crear otros, cambiar de proveedor o republicar lo mismo bajo otra identidad.

Por eso la relación entre Yandex y la propaganda rusa debe investigarse como una cuestión de infraestructura. ¿Las cuentas estaban alojadas en sus servidores? ¿El tráfico de las operaciones pasaba por sus servicios? ¿Los operadores usaban su correo, su nube o herramientas de coordinación? Son dependencias distintas, con consecuencias distintas. Hasta ahora, lo que se sabe no demuestra cuál de ellas, si alguna, afectaba a las redes de propaganda.

La hipótesis cobra peso al ver cómo actúan estas campañas en Europa. Polonia, Rumania, Moldavia, Francia y Alemania son ejemplos de una estrategia que combina desinformación, explotación de conflictos internos e intromisión en procesos electorales. Los casos no prueban que los ataques a Yandex hayan afectado esas operaciones, pero ayudan a entender qué clase de maquinaria podría estar en juego.

Polonia. Uno de los principales aliados militares de Ucrania fue blanco de campañas destinadas a erosionar el apoyo a Kyiv y a cuestionar a la Unión Europea. Entre enero y mediados de mayo de 2025, el instituto estatal NASK, detectó más de 10.000 cuentas que difundían desinformación en torno a la elección presidencial; unas 400 se vinculaban a la Agencia de Diseño Social, organización financiada por Moscú y sancionada por la UE. El ministro polaco de Asuntos Digitales, Krzysztof Gawkowski, calificó el operativo de intento sin precedentes de Rusia de interferir en la política interna del país.

Alliance4Europe documentó además que Doppelganger distribuyó casi 300 artículos falsos o manipulados entre el 4 de marzo y el 4 de abril de 2025, haciéndose pasar por medios polacos conocidos. El mensaje era claro: mostrar a la UE, a Ucrania y a los refugiados ucranianos como un perjuicio para Polonia y presentar a la extrema derecha como defensora de la soberanía nacional.

La campaña no se desplegaba en el vacío. El Polish Institute of International Affairs registró un aumento de más del 250% en las publicaciones antiucranianas en redes. En paralelo, las denuncias por delitos de odio y agresiones físicas o verbales contra migrantes ucranianos llegaron a 180 en el primer semestre de 2026, un 30% más que el año previo. Esos datos no permiten atribuir cada agresión a una campaña digital rusa, pero ilustran cómo la desinformación puede alimentar prejuicios y tensiones.

Rumania. El caso es todavía más grave. En diciembre de 2024, el Tribunal Constitucional anuló la primera vuelta de la elección presidencial, que había ganado el ultraderechista Călin Georgescu, luego de

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