
Contenido original
Gasto en defensa argentino: 0,56% del PBI y sin estrategia
Gasto en defensa argentino: 0,56% del PBI y sin estrategia Saltar al contenido Noticias Estados Unidos prevé traer dos HIMARS a la Patagonia para el ejercicio Southern Vanguard 2027 Otro contrato AMRAAM para los F-16 argentinos: EE.UU. adjudicó a Raytheon la provisión de partes de los misiles Ataques con drones FPV contra radares: la guerrilla desarmó la vigilancia aérea del Valle del Cauca Aviación de Prefectura Naval: la que más hace con menos en la milla 200 Buque logístico polar para la Armada Argentina Pagos irregulares en la Armada Argentina: 645 acreditaciones indebidas por $981 millones y diez militares camino a la destitución miércoles, septiembre 23, 2026 Gordos Defensa Noticias y análisis militar Inicio Defensa Actualidad Seguridad Especiales Revista Menú Principal Inicio Defensa Actualidad Seguridad Especiales Revista Buscar: Buscar Sobre nosotros Somos un medio de noticias y comunicacion lationamericano enfocado en temas de defensa, seguridad y asuntos estrategicos, abordando la actualidad desde una perspectiva profesional a la vez que joven y fresca. Inicio / Especiales / Gasto en defensa argentino: el país que tuvo una gran estrategia y la resignó Especiales Gasto en defensa argentino: el país que tuvo una gran estrategia y la resignó Por Facundo Cesario No hay comentarios 02/09/2026 21:57 Cada vez que asume un gobierno nuevo en Argentina se repite el mismo ritual. Un discurso sobre “recuperar el lugar en el mundo”, una gira presidencial con fotos protocolares y, seis meses después, el silencio. Lo que nunca aparece es lo que en cualquier país serio antecede a esas fotos: un marco de análisis que defina, más allá de quién gobierne, qué intereses nacionales concretos se persiguen y con qué capacidades reales se sostienen. Eso es una gran estrategia. El motivo por el que esto importa ahora, y no en abstracto, es que el sistema internacional se volvió más competitivo y menos tolerante con la improvisación. La distribución de poder global se está reacomodando y el gasto militar mundial crece a un ritmo que no se veía desde la Guerra Fría. El gasto en defensa argentino, mientras tanto, se movió en la dirección contraria. La región ya tiene ejemplos de países, Chile y Brasil entre otros, que blindaron su política de defensa con documentos que sobreviven al humor electoral. El problema argentino es más incómodo: el país nunca terminó de decidir qué tipo de país quiere ser en el tablero internacional. Esta nota parte de una premisa que en Argentina suena provocadora. En cualquier escuela de relaciones internacionales, en cambio, es de manual. El sistema internacional es anárquico, no hay autoridad superior que garantice la seguridad de nadie, y cada Estado administra su seguridad en función del poder relativo, propio o sumado a través de alianzas, antes que de sus valores declarados. Bajo esa vara hubo un solo momento en la historia argentina que se pareció a una gran estrategia real. El resto es, con matices, la crónica de cómo se destruyó eso y se decidió que no hacía falta reponerlo. La Generación del 80: la única vez que Argentina tuvo un plan Si hay que señalar el único período argentino que operó con una gran estrategia coherente, es el de la Generación del 80. La Conquista del Desierto, entre 1878 y 1885, la lideró Julio Argentino Roca. No fue una hazaña militar suelta ni una conquista oportunista. Fue la ejecución de un objetivo estratégico definido, con los medios disponibles de la época. Ese objetivo tuvo tres patas: incorporar territorio productivo, consolidar el control efectivo de la Patagonia frente a las pretensiones chilenas y expandir la frontera agroexportadora. Los medios fueron desde armamento moderno importado hasta el telégrafo y el ferrocarril. El resultado se puede medir. Entre 1880 y 1914 Argentina multiplicó su territorio productivo, atrajo inmigración masiva y construyó una de las economías de mayor crecimiento del planeta. Suele contarse la Campaña del Desierto como un episodio puramente militar, pero tuvo un componente diplomático simultáneo. Mientras Roca avanzaba sobre el territorio indígena, Argentina y Chile negociaban en paralelo el Tratado de Límites de 1881. Se firmó el 29 de julio de ese año, tras propuestas que circularon desde 1872 y con mediación de Estados Unidos. Ese tratado no fue una concesión graciosa de Santiago. Fue el reconocimiento diplomático chileno de la soberanía argentina sobre la Patagonia oriental, a cambio de que Chile retuviera la vertiente andina y el control del Estrecho de Magallanes. Avance militar y negociación diplomática no fueron dos políticas separadas. Fueron la misma estrategia ejecutada por dos medios distintos y coordinados. Conviene un matiz que los mapas de época maquillan bastante. El control efectivo del territorio argentino antes de 1878 era bastante más chico de lo que esos mapas reclamaban. La frontera real con el mundo indígena se estabilizaba hacia 1876 en una línea muy al norte de la Patagonia. La marcaba físicamente la Zanja de Alsina, una trinchera de 374 kilómetros excavada entre 1876 y 1877 como barrera defensiva, no ofensiva. Recién con la campaña de Roca ese control se desplazó de forma abrupta hacia el sur, hasta los ríos Negro y Neuquén. Ahí se incorporó por primera vez de manera real, y no solo cartográfica, la Patagonia al Estado argentino. La distancia entre lo que el mapa decía y lo que el Estado controlaba es, en sí misma, una lección de realismo. La soberanía que no se sostiene con capacidad de control territorial es dibujo de mapa, nada más. Los números posteriores conviene tenerlos a mano para cuando alguien diga que “Argentina siempre fue así”. Hacia 1910 el país ocupaba el 8° lugar del mundo en PBI per cápita, con un ingreso estimado en 6.100 dólares internacionales de 1990. Superaba a Canadá, Alemania, Francia e Italia. No fue una potencia militar de primer orden ni geopolítica, porque el mito de “Argentina potencia” es más relato retrospectivo que realidad de época. Sí fue un país que jugaba en la liga de los que importaban en el tablero global. Después, la cosa se empezó a desarmar. Waltz, Mearsheimer y Clausewitz: el manual que la política nunca leyó El historiador militar Barry Posen define la gran estrategia como el conjunto de medios y fines militares, económicos y políticos con los que un Estado intenta garantizar su seguridad. La doctrina militar, dicho sea de paso, es apenas un subcomponente de esa gran estrategia, no un sinónimo. Confundir los dos términos es parte de por qué en Argentina la discusión suele quedar atrapada en el hardware militar y nunca llega al diseño de intereses de fondo. Una gran estrategia seria no es una lista de países con los que “queremos tener buena relación”. Es un marco de análisis que arranca de una premisa incómoda: el sistema internacional es anárquico y cada Estado necesita maximizar su margen de seguridad en función del poder relativo. Esa es, en esencia, la tesis del realismo estructural de Kenneth Waltz. El comportamiento de los Estados se explica menos por sus ideologías o liderazgos que por la posición que ocupan en la distribución de poder del sistema. No importa tanto quién gobierna. Importa cuánto poder relativo tiene el país y qué hace con él. John Mearsheimer, heredero crítico de Waltz y padre del realismo ofensivo, va un paso más allá. Los Estados no se conforman con sobrevivir, buscan maximizar su poder relativo, porque la única garantía real de seguridad es la hegemonía, o al menos la superioridad regional. Cualquier gran potencia que pueda expandir su influencia lo va a hacer. Los Estados que actúan en base a normas o buena voluntad, como si fueran garantías reales, terminan pagando el precio de su ingenuidad. Es un marco incómodo para el discurso político argentino promedio, que suele hablar de “valores compartidos” como si eso reemplazara un cálculo de intereses. Clausewitz al revés: cuando la política interna gobierna la exte
Bajada
Gasto en defensa argentino: 0,56% del PBI y sin estrategia Saltar al contenido Noticias Estados Unidos prevé traer dos HIMARS a la Patagonia para el ejercicio S…
Resumen neutral
Gasto en defensa argentino: 0,56% del PBI y sin estrategia Saltar al contenido Noticias Estados Unidos prevé traer dos HIMARS a la Patagonia para el ejercicio Southern Vanguard 2027 Otro contrato AMRAAM para los F-16 argentinos: EE.UU. adjudicó a Raytheon la provisión de partes d