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La red de Corea del Norte: el hilo oculto que conecta Asia, Medio Oriente y Ucrania

2026-09-23 · Ignacio Montes de Oca
Pucará Defensa

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La red de Corea del Norte: el hilo oculto que conecta Asia, Medio Oriente y Ucrania

Ignacio Montes de Oca

hace 1 día

10 min de lectura

Por Ignacio Montes de Oca

La próxima vez que Donald Trump se fotografíe junto a Kim Jong Un, quizá dentro de unas semanas, la escena debería leerse más allá del gesto diplomático. La pregunta que importa no es qué tan simpático se verá el encuentro, sino qué armas, tecnologías y capacidades militares ayuda a preservar ese vínculo personal, y qué consecuencias tiene eso para Israel, Ucrania y, sobre todo, para Corea del Sur.

Detrás de esa diplomacia de gestos existe una red construida durante más de cuatro décadas que conecta tres frentes que la Casa Blanca suele analizar por separado: Asia-Pacífico, Medio Oriente y Ucrania. Corea del Norte no es solo el problema de una península dividida.

El vínculo más antiguo y mejor documentado es con Irán. Nació en los años ochenta, durante la guerra entre Irán e Irak, cuando Pionyang se convirtió en uno de los principales proveedores de misiles de Teherán. Irán recibió misiles Scud-B y Scud-C norcoreanos y, con ayuda técnica de Pionyang, instaló su primera fábrica nacional de ensamblaje; de allí surgieron el Shahab-1 y el Shahab-2, derivados de los Hwasong-5 y Hwasong-6.

El salto definitivo llegó con la transferencia del Nodong-1, reproducido casi en espejo como Shahab-3 y con unos 1.300 km de alcance. La Arms Control Association señala que los misiles iraníes de alcance medio derivan de la tecnología Scud norcoreana y que el Shahab-3 equivale, en la práctica, al Nodong. Un funcionario estadounidense llegó a definir a Pionyang como el principal proveedor de tecnología balística de la República Islámica. Esta no es una lectura aislada: un informe de 2021 de un panel independiente de expertos de Naciones Unidas confirmó que Corea del Norte e Irán habían retomado la cooperación en misiles de largo alcance, incluida la transferencia de componentes críticos ese mismo año, aunque Teherán niega oficialmente cualquier colaboración de este tipo con Pionyang.

No fue una simple venta, sino una transferencia industrial completa —planos, componentes, asesoría técnica— que enseñó a Irán a fabricar, modificar y mejorar sus propios vectores. Del Shahab-3 derivaron el Ghadr y el Emad, con ojivas rediseñadas, maniobra terminal para evadir defensas y hasta 1.900 kilómetros de alcance. El Khorramshahr, uno de los misiles más pesados del arsenal iraní, se basa en el Hwasong-10 o Musudan, desarrollado a partir de planos del soviético R-27. Con el tiempo el circuito se volvió bidireccional: desde comienzos de la década de 2020, los avances iraníes en misiles sólidos de mayor precisión, como la familia Fateh, empezaron a interesar también a Pionyang, que los incorporó para mejorar sus propios sistemas móviles.

Vale recordar que las variantes de esos misiles son lanzados contra las ciudades ucranianas, israelíes, de los países del Golfo o contra las bases de Estados Unidos en Medio Oriente por diferentes partes de un mismo eje. La cooperación entre Irán y Corea del Norte es solo una cara del gran prisma autocrático.

Pero el aporte norcoreano a Irán excedió los misiles. Pionyang le transfirió también su experiencia en construcción subterránea, desarrollada durante décadas para resistir un eventual bombardeo estadounidense. Según el analista Bruce Bechtol —uno de los especialistas que más ha estudiado esta relación— ingenieros norcoreanos participaron desde comienzos de los 2000 en instalaciones iraníes endurecidas, incluidas las excavaciones de los complejos nucleares de Natanz e Isfahán. Un estudio del Foreign Policy Research Institute respalda en líneas generales esa idea, al describir un paquete de asistencia técnica norcoreana en el terreno a partir de 2005 para fortificar la infraestructura de defensa del programa nuclear iraní.

El resultado, según Bechtol, es una red de instalaciones y búnkeres nucleares diseñada para sobrevivir incluso a las bombas antibúnker estadounidenses más avanzadas. Esa infraestructura endurecida es hoy, para buena parte de los analistas que siguen el tema, más relevante que el mero intercambio de misiles: mientras un misil puede destruirse en un ataque, un complejo excavado en roca puede sobrevivir a una campaña aérea completa. Si esa capacidad subterránea otorga ventaja militar en Irán, la ofrece también en caso de planificar la neutralización del aparato nuclear y convencional de Kim Jong Un.

En 2026, el exdiplomático norcoreano Ryu Hyun-woo desertó a Corea del Sur. Sirvió en la cancillería norcoreana hasta 2019, con buena parte de su carrera dedicada a Medio Oriente entre 2010 y 2016. Declaró ante un centro de estudios surcoreano que Pionyang cobró unos 25 millones de dólares por transferir tecnología de túneles a Irán a comienzos de los 2000. Negó que Corea del Norte mantuviera vínculos directos con Hezbolá o Hamás, aunque admitió que no podía descartarse que Irán les hubiera reenviado parte del conocimiento recibido de Pionyang. Sin embargo, hay indicios que refuerzan esa sospecha.

La misma huella técnica de cooperación aparece en la guerra subterránea de Medio Oriente. Un informe de julio de 2021 del Centro de Investigación y Educación Alma, con sede en Israel, documentó que la sancionada Korea Mining Development Trading Corporation (KOMID) participó en la construcción de un sistema de túneles de 45 kilómetros para Hezbolá, mediante un acuerdo con una empresa fachada norcoreana valuado en unos 13 millones de dólares y completado en 2021. Es razonable pensar que, por ser parte del mismo ecosistema de la Fuerza Al-Quds iraní, ese conocimiento haya llegado de forma indirecta a Hamás y al llamado Metro de Gaza, que sus propios dirigentes estimaban en unos 500 kilómetros en 2021. Existen, sin embargo, diferencias notables: los túneles norcoreanos admiten el paso de vehículos blindados, mientras que los de Hamás, según el Instituto de Guerra Moderna de West Point, son mucho más angostos, condicionados por el terreno de Gaza y por la necesidad de eludir la vigilancia israelí.

La conexión también aparece en las armas. Tras la masacre del 7 de octubre de 2023, Israel y la inteligencia surcoreana hallaron entre el material incautado a Hamás lanzagranadas norcoreanos F-7 y fusiles Tipo 58, la versión local del AK-47. El patrón ya se había insinuado en diciembre de 2009, cuando un avión que debió aterrizar de emergencia en Bangkok transportaba 35 toneladas de armas norcoreanas declaradas falsamente como equipo de perforación, con destino final en Teherán y, según la investigación posterior, Hezbolá y posiblemente Hamás como receptores últimos.

Es entonces que aparece otra huella vincular difícil de rastrear y de neutralizar. Aunque sea de manera indirecta, Corea del Norte forma parte del ecosistema de proxies iraníes. Por eso resulta más complicado suponer una ventaja en la tolerancia con las prácticas de Kim Jong Un, por más simpático que pueda resultar para organizar cumbres o crear memes para las redes sociales.

Corea del Norte no reconoce la existencia del Estado de Israel. Los coqueteos de Trump con el líder norcoreano suman entonces otro punto de fricción para la relación con Netanyahu, que además sabe que está en la mira de los misiles iraníes que los norcoreanos ayudan a mejorar y lo estará de las ojivas nucleares persas si la paciencia excesiva con Kim Jong Un contribuye a que la relación tecnológica con los ayatolás derive en una cooperación aún más profunda.

La hostilidad del régimen norcoreano hacia Israel lleva más de seis décadas: no reconoce al Estado judío y llegó a calificarlo como una “entidad cancerígena para la paz de Oriente Medio”.

Hay incluso una cercanía política de Pionyang con los grupos palestinos más violentos anterior a la revolución iraní de 1979. Corea del Norte entrenaba militantes de la OLP desde los años sesenta; George Habash, líder del

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