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Cuando el análisis se convierte en realidad Diego Bavio hace 19 horas 10 min de lectura Los 24 F-16 argentinos y la responsabilidad de los analistas estratégicos ¿Por qué 24 F-16

2026-10-13 · Diego Bavio
Pucará Defensa

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Cuando el análisis se convierte en realidad

Cuando el análisis se convierte en realidad

Diego Bavio

hace 19 horas

10 min de lectura

Los 24 F-16 argentinos y la responsabilidad de los analistas estratégicos ¿Por qué 24 F-16 argentinos generan tanta preocupación?

La pregunta parece sencilla, pero quizás contiene un problema. Desde que Argentina anunció en 2024 la compra de 24 F-16 a Dinamarca aparecieron en Chile y en el Reino Unido análisis, advertencias y referencias a un supuesto cambio del equilibrio militar regional. Incluso comenzó a hablarse de una eventual “carrera armamentística”.

La cuestión merece ser analizada, pero para hacerlo hay que comenzar por una pregunta mucho más elemental, ¿24 respecto de qué? Porque en asuntos estratégicos, una cifra aislada puede decir exactamente lo que queremos que diga y también puede decir algo completamente diferente cuando se coloca dentro de su contexto.

Una fotografía puede engañar

Una reciente nota del Centre d’Études Stratégiques Aérospatiales francés dedicada al programa Peace Cóndor plantea que la incorporación de los F-16 constituye una ruptura de capacidades para Argentina y utiliza el caso para reflexionar sobre los límites de su autonomía estratégica. La cuestión de fondo es legítima. Lo que resulta más discutible es la profundidad con la que puede abordarse una cuestión semejante cuando el análisis se concentra fundamentalmente en reconstruir la secuencia de adquisiciones y las restricciones políticas, financieras e industriales. Porque antes de preguntarnos qué significan 24 F-16, deberíamos preguntarnos qué fuerza aérea tenía Argentina cuando comenzó la historia que hoy pretendemos analizar. Y ahí aparece un dato que cambia considerablemente la fotografía.

Argentina antes de Malvinas

A comienzos de los años 80, Argentina disponía de más de un centenar de aviones de combate a reacción si consideramos conjuntamente los sistemas de la Fuerza Aérea y de la Aviación Naval. No eran cien aviones iguales, había Mirage III, Mirage 5 Dagger, A-4B y A-4C en la Fuerza Aérea y A-4Q en la Aviación Naval. La FAA empleó durante el conflicto Mirage IIIEA, Dagger y A-4B/C, además de Canberra y Pucará, pero hay un componente que suele quedar fuera de la fotografía cuando se reconstruye la capacidad aérea argentina de aquel período: la Aviación Naval. La Armada había incorporado 16 A-4Q Skyhawk, de los cuales alrededor de una decena permanecían en 1982, y, sobre todo, había comenzado a recibir una aeronave que merece una consideración particular.

El Super Étendard: cuando Argentina compraba nuevo

En 1979 Argentina contrató 14 Dassault-Breguet Super Étendard.

Los primeros cinco llegaron entre 1980 y 1981, cada uno acompañado por un misil antibuque AM39 Exocet. Los cinco fueron empleados durante la Guerra de Malvinas.

Esto merece detenernos un momento, porque estamos acostumbrados a hablar de los Super Étendard como parte de la historia de Malvinas, pero no siempre recordamos qué representaban en el momento de su incorporación, eran aeronaves nuevas, eran un sistema específicamente diseñado para la guerra aeronaval moderna y estaban asociados a uno de los sistemas de armas antibuque más sofisticados disponibles entonces: el AM39 Exocet. El 4 de mayo de 1982, dos Super Étendard lanzaron dos Exocet contra el HMS Sheffield. Uno de ellos impactó al buque. El 30 de mayo, otros dos Super Étendard participaron junto con cuatro A-4C en el ataque contra el HMS Invincible.

Por lo tanto, si queremos entender qué significaba la aviación de combate argentina a comienzos de los años 80, no deberíamos mirar solamente la cantidad. También deberíamos mirar la posición tecnológica relativa de los sistemas que se estaban incorporando. Y aquí aparece una comparación histórica incómoda. Los Super Étendard que Argentina incorporaba entonces eran aviones nuevos, de reciente diseño y en el estado del arte de la aviación de ataque naval de su época.

Los F-16 que Argentina incorpora hoy son aeronaves usadas, originalmente fabricadas décadas atrás y posteriormente actualizadas mediante el programa MLU. Eso no significa que el F-16 sea un avión inferior. Todo lo contrario, como plataforma multirrol, sensores, aviónica, interoperabilidad y capacidad aire-aire, representa un salto cualitativo enorme respecto de los sistemas que Argentina opera hoy. Pero la comparación histórica permite formular una pregunta distinta, ¿en qué momento pasó Argentina de comprar sistemas de combate nuevos y tecnológicamente avanzados para su época a considerar una flota usada como el instrumento central de la reconstrucción de su capacidad de combate aéreo? Esa pregunta es mucho más interesante que discutir simplemente si el F-16 es un buen avión.

De más de un centenar a 24

Ese es el punto que debería estar en el centro de cualquier análisis. Argentina llegó a 1982 con más de un centenar de aviones de combate a reacción entre ambas fuerzas, hoy está incorporando una flota prevista de 24 F-16. Es decir, incluso tomando los 24 como si estuvieran todos disponibles, estamos hablando de menos de una cuarta parte del volumen de reactores de combate que existía aproximadamente cuatro décadas atrás. Y si incorporamos a la ecuación los Super Étendard y los A-4Q de la Aviación Naval, la comparación resulta todavía más significativa. No estamos observando una expansión desde una fuerza inexistente, estamos observando la reconstrucción parcial de una capacidad que sufrió cuatro décadas de erosión, esa diferencia es fundamental, porque una capacidad recuperada puede parecer una capacidad nueva cuando se elimina del análisis el período durante el cual dejó de existir.

El contexto regional

Ahora hagamos otra cosa que debería ser obligatoria en cualquier análisis estratégico: mirar alrededor. Brasil mantiene una fuerza de combate a reacción considerable y desarrolla una transición hacia el Gripen. Chile opera una flota de F-16 superior numéricamente a la fuerza argentina prevista y mantiene además sus F-5. Perú conserva una combinación de Mirage 2000 y Su-25 mientras avanza hacia la renovación de su aviación de combate. Venezuela mantiene sus Su-30 y F-16, aunque la disponibilidad efectiva de parte de esa flota resulta mucho más difícil de establecer. Por supuesto, contar aviones no es medir poder aéreo, una fuerza aérea no es la suma de sus fuselajes. Disponibilidad, horas de vuelo, pilotos, armamento, sensores, guerra electrónica, mantenimiento, infraestructura, mando y control, inteligencia y capacidad de generar salidas son variables fundamentales. Pero justamente por eso el análisis debería ser más profundo, la comparación regional muestra, al menos, que 24 F-16 no constituyen por sí mismos una revolución cuantitativa ni cualitativa del poder aéreo sudamericano.

Entonces debemos volver a la pregunta inicial, ¿Por qué generan tanta preocupación? Y ni siquiera son 24. Hay otro detalle que frecuentemente desaparece de la conversación.

La flota contratada es de 24 aeronaves, pero a fines de septiembre de 2026 Argentina había recibido 12. La propia Fuerza Aérea Argentina confirmó el 30 de septiembre la llegada del segundo lote de seis, elevando a 12 el número de F-16 presentes en el país. Además, recibir un avión no significa automáticamente disponer de una capacidad operacional plena. El programa Peace Cóndor comenzó a volar en abril de 2026 y los primeros pilotos argentinos alcanzaron su primera certificación de vuelo solo en julio.

Por lo tanto, hay que distinguir al menos tres conceptos:

24: aeronaves contratadas.

12: aeronaves efectivamente recibidas.

Capacidad operacional efectiva: una variable todavía en construcción.

La diferencia es importante, porque buena parte de las discusiones estratégicas ya habla de los 24 como si fueran una capacidad operacional consolidada. No lo son.

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