
Contenido original
Movilizar todo: la carta final de Putin
Movilizar todo: la carta final de Putin
hace 3 horas
13 min de lectura
Por Ignacio Montes de Oca
Vladímir Putin volvió a aumentar el tamaño autorizado de las Fuerzas Armadas rusas. El decreto firmado el 28 de septiembre, elevó la plantilla total a 2.441.630 personas, de las cuales 1.550.500 corresponden a militares. La cifra impresiona, pero engaña: El aumento fue de 15.500 efectivos para el combate.
En el número de soldados que van al frente está la clave para entender si Vladímir Putin ordenará una movilización masiva. Porque su decreto lo que hizo en realidad, fue simplemente ampliar el techo legal de la estructura militar rusa. La diferencia parece administrativa, pero resulta fundamental para entender cuántos soldados tiene realmente Rusia, cuántos necesita para sostener la guerra y por qué vuelve a aparecer la posibilidad de una movilización masiva.
El aumento tampoco es novedoso. Según los reportes del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), en 2021, antes de la invasión, el total era de 1,9 millones. En agosto de 2022, seis meses después de empezar la ofensiva, un primer decreto lo subió a 2,04 millones, con 137.000 militares más. En diciembre de 2023 llegó a 2,20 millones, en septiembre de 2024 a 2,38 y en julio de 2026 a 2,426, hasta el récord actual de 2,44. El decreto de julio, según el texto oficial, respondió a la creación de una unidad de construcción militar.
La secuencia es reveladora: Putin aumentó la estructura militar casi de manera continua sin recurrir a otra movilización general. El Kremlin consiguió ampliar sus Fuerzas Armadas mediante contratos voluntarios, reclutamiento regional, conscripción, incorporación de extranjeros y distintas formas de presión administrativa. Por eso, el crecimiento de la plantilla no puede confundirse con el número de soldados que Rusia incorporó realmente a la guerra.
Para saber cuántos rusos combaten de verdad ahora mismo en el frente, hay que abrir la cifra pieza por pieza, como recomiendan las agencias de inteligencia occidentales y el Conflict Intelligence Team.
Es una pirámide en la que no todos visten uniforme o llevan un fusil a la primera línea. La base es la retaguardia pura: casi el 36% del total son esos 891.130 civiles y administrativos, entre ellos oficinistas, contadores, médicos de hospitales base, mecánicos y cocineros. Su aporte directo con armas al frente es mucho menor que el de las tropas que combaten.
Al restarlos quedan 1.550.500 militares activos, el brazo armado del Kremlin. Pero hay un segundo filtro. La ley rusa prohíbe que los 261.000 jóvenes del reclutamiento obligatorio anual salgan del país, así que se dedican a la logística interna y a cuidar las fronteras propias. Otros 125.000 oficiales de carrera deben quedarse en Rusia, a cargo de las bases estratégicas, los silos de misiles y los submarinos nucleares.
Sobre los conscriptos hay que aclarar algo, porque la realidad no siempre respeta la ley. Organizaciones de derechos humanos y medios como la BBC y Mediazona documentaron que, a las pocas semanas de entrar, muchos jóvenes denuncian presiones y maltratos de sus superiores para que firmen un contrato como soldados profesionales (kontraktniki). Con la firma pierden la protección legal y los mandan a unidades de asalto en Ucrania. Hay, además, un segundo camino.
Para cumplir la prohibición, el Ministerio de Defensa puso a miles de conscriptos a vigilar las fronteras de los oblast rusos de Kursk y Bélgorod. Cuando las tropas ucranianas cruzaron esa frontera, esos jóvenes sin experiencia quedaron en la primera línea, sufrieron muchas bajas y cientos fueron capturados. Otros llegan al combate porque quedan bajo el fuego de drones y misiles ucranianos o en incursiones ocasionales. Cuántos conscriptos llegan en total al frente no se puede saber, así que las cifras que siguen los dejan afuera.
¿Quiénes pelean entonces? El núcleo de combate ronda los 837.000 hombres. Unos 537.000 son voluntarios contratados (kontraktniki), civiles atraídos por los bonos del Ministerio de Defensa. Los otros 300.000 son fuerzas de élite y mandos de carrera, como las Fuerzas Aerotransportadas (VDV) y la Infantería de Marina, que dirigen los ataques y manejan los misiles y la aviación. Ese grupo es el más numeroso, pero unos 125.000 de sus integrantes están en territorio ruso, en defensas antiaéreas, centros de mando, bases estratégicas y submarinos nucleares.
A ese núcleo se suman entre 30.000 y 40.000 combatientes de las zonas ocupadas, reclutados a la fuerza por las administraciones colaboracionistas, que por razones políticas figuran como tropas rusas desde los decretos de anexión de septiembre de 2022. En las trincheras secundarias y en la custodia de los territorios ocupados están, por último, los 300.000 reservistas movilizados por la fuerza en septiembre de 2022, a quienes nunca se ordenó volver a casa. Estas categorías vienen de estimaciones distintas y no conviene sumarlas sin más. Putin, por ejemplo, habló a fines del año pasado de unos 700.000 soldados combatiendo en Ucrania, una cifra menor que la de este artículo. Pero la da Putin, que es parte.
La diferencia entre esas cifras también es importante. No existe información pública que permita afirmar que Putin haya decidido movilizar un número determinado de hombres. Lo que aparece en distintas evaluaciones es una coincidencia sobre el problema. El sistema de reclutamiento voluntario tiene cada vez más dificultades para compensar las bajas.
Para resolver ese dilema falta la pieza que decide todo el debate: la Reserva General. Rusia tiene aún unos 2.000.000 de reservistas que todavía no movilizó. No son soldados activos ni cobran sueldo militar. Son civiles que hacen su vida normal, pero hicieron el servicio obligatorio o tienen conocimientos de uso militar y figuran en las actas de reclutamiento.
En septiembre de 2022 Rusia no los llamó a todos: hizo una movilización "parcial" y sacó de ahí unos 300.000 hombres en la primera movilización desde la Segunda Guerra Mundial. Otra movilización masiva rompería ese dique. Por el costo político y social, el Kremlin la evita y prefiere ampliar por decreto las plazas de voluntarios pagados por el Estado. Es su última carta.
Por eso el último decreto se entiende mejor como un ajuste contable que como una orden de reclutamiento. No crea soldados: crea vacantes presupuestarias. Al agrandar los casilleros del Ministerio de Defensa, deja lugar para registrar a quienes Rusia necesita sumar ahora que los voluntarios no alcanzan para cubrir las bajas.
Una forma de leerlo es que esa bolsa más grande permite alojar, sin romper los topes financieros, a la burocracia de retaguardia, a los extranjeros y a los 300.000 ciudadanos que, según Kyiv, Moscú planea sacar de la Reserva General. La confusión nace de los titulares que dicen "el ejército ruso crece a 2,4 millones" y sugieren un salto de cientos de miles de hombres en el frente, cuando el aumento real es de 15.500 plazas y la logística sigue siendo un cuello de botella.
Ese plan es el centro de la disputa. El 27 de agosto, la Oficina del presidente de Ucrania resumió un informe de inteligencia, presentado por la Dirección Principal de Inteligencia (GUR) y el Servicio de Inteligencia Exterior, según el cual el Estado Mayor ruso preparó un escenario para movilizar a 600.000 personas: 300.000 en 2026, como objetivo inmediato antes de fin de año, y otras 300.000 en 2027. Lo confirmó el 7 de septiembre Oleh Ivashchenko, jefe del GUR.
El 24 de septiembre, Macron dijo que hay "varias señales" y calificó de plausible un llamado de unos 300.000 hombres. Volodímir Zelenski agregó, que ocurriría después de las elecciones y sin tocar las grandes ciudades, para reducir el rechazo social. El Kremlin niega de forma sistemática que prepare algo así. Hay algo de razón en ambos planteos, y conviene mirar primero lo que empuja a Putin
Bajada
Resumen neutral
Movilizar todo: la carta final de Putin
hace 3 horas
13 min de lectura
Por Ignacio Montes de Oca
Vladímir Putin volvió a aumentar el tamaño autorizado de las Fuerz