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Nada refleja mejor la capacidad de un astillero —de un país, en realidad— para construir buques que una ceremonia de botadura. Es un instante fugaz: en apenas unos segundos, toneladas de acero se deslizan por la grada hasta tocar por primera vez el agua.
Una maniobra que puede parecer sencilla, pero que exige cálculos complejos y una precisión milimétrica para garantizar que el barco complete con seguridad su primer contacto con el agua. Atrás quedan meses de trabajo, primero en los talleres y después en la grada.
En los tiempos que corren, de agresiones, conflictos enquistados y amenazas híbridas, construir buques de guerra de la complejidad de una fragata F-110, como la que Navantia bota este martes en Ferrol, adquiere además un carácter más estratégico que nunca.
No esta de más aprovechar también este hito para recordar que son pocos los países capaces de afrontar con garantías un proyecto de estas características. Esta tarde, a partir de las 16.00 horas, coincidiendo con la pleamar de la tarde, el astillero de Navantia en Ferrol volverá a poner de manifiesto esta capacidad de combinar diseño, tecnología y músculo industrial para dar forma a un buque de guerra para la Armada.
La botadura de la F-112 Roger de Lauria supone un paso más en un programa que marcha por delante de las previsiones iniciales. Estaba prevista inicialmente para comienzos de 2027, pero el avance de los trabajos ha permitido adelantarla a este mes de octubre.
La ceremonia seguirá la tradición naval de las botaduras, con el bautizo del buque y su puesta a flote. La madrina será Almudena de Arteaga y del Alcázar, escritora y descendiente directa del almirante Roger de Lauria. La Armada dio a conocer su designación el pasado 23 de octubre.
La segunda de las cinco fragatas F-110
La Roger de Lauria es la segunda unidad del programa F-110, que contempla la construcción de cinco fragatas multipropósito para sustituir progresivamente a los buques de la clase F-80 Santa María. Esta misma semana, la Armada y Navantia han confirmado que ya trabajan en una ampliación de la serie con una versión con capacidades de defensa aérea y antimisil reforzada.
Esta es, por cierto, otra de las ventajas de saber construir buques de este tipo: la autonomía y, lo que es más importante, la soberanía tecnológica para introducir modificaciones en el diseño en función de las necesidades operativas y de la evolución de los escenarios en los que tendrán que navegar.
El programa supera los 4.300 millones de euros y constituye uno de los principales proyectos de modernización de la Armada. Las nuevas fragatas incorporan capacidades de guerra antisubmarina, antiaérea y antisuperficie, además de tecnologías avanzadas de digitalización, automatización y gestión de la plataforma mediante un gemelo digital.
Tras la botadura, la F-112 continuará su construcción a flote en el astillero, donde se completará la instalación e integración de los sistemas antes de iniciar las pruebas correspondientes. La entrega a la Armada está prevista para 2029.
La puesta a flote de la Roger de Lauria llega poco más de un año después de la botadura de la F-111 Bonifaz, celebrada en septiembre de 2025. Navantia está inmersa en los trabajos de montaje en la primera fragata de la serie de los principales sistemas y en la instalación del radar SPY-D, de la estadounidense Lockheed Martin, pieza clave del programa.
*La botadura podrá seguirse en directo a través del canal de Youtube de Navantia
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Nada refleja mejor la capacidad de un astillero —de un país, en realidad— para construir buques que una ceremonia de botadura. Es un instante fugaz:
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Nada refleja mejor la capacidad de un astillero —de un país, en realidad— para construir buques que una ceremonia de botadura. Es un instante fugaz: en apenas unos segundos, toneladas de acero se deslizan por la grada hasta tocar por primera vez el agua. Una maniobra que puede